Consejos para vivir una crisis

Si bien no deja de ser cierta la idea que insiste en que las crisis son excelentes oportunidades para generar cambios ésta no nos dice en sí misma el cómo llegar a esta conclusión. Las crisis cuando se producen tienen un efecto desorganizador en lo ideacional y de conmoción en nuestros afectos. Traen consigo un malestar emocional que incomoda y que incluso no pocas veces duele. No bien tratemos de evitarlas o preparemos con antelación su arribo una crisis se acompaña de sentimientos de incertidumbre, de falta de claridad y en ocasiones de desesperanza. Las crisis pueden ser definidas como estados de tensión o de conflicto y definitivamente tienen una connotación subjetiva en su apreciación. Esto se expresa en que cada uno de nosotros les da un valor o un significado particular. Existen crisis que aparecen sin anunciarse y otras que probabilísticamente son más comunes que otras (las llamadas crisis normativas por ejemplo). Sea cual sea su clasificación sugiero antes que nada que consideremos que las crisis son “eventos”, es decir, se acotan a un momento de inicio y de resolución en la mayoría de las casos. Me parece importante señalar la necesidad de darnos cuenta realmente si algo que denominamos “crisis” es tal. No es sugerible homologar cualquier dificultad propia de la vida a un evento crítico. No se puede considerar todo problema como una crisis. Recomiendo antes que nada respirar profundo, darse una pausa y resumir la situación en una frase que nos ayude a circunscribir y concretizar los elementos que interfieren en esa dificultad. Aunque puede ser tentador no es recomendable postergar demasiado el enfrentamiento de las situación problemática dado que ésta puede reaparecer de manera constante en la forma de un asunto inconcluso. Esto se aplica a las pequeñas como a las grandes crisis y en especial a los miedos o a las decisiones que sabemos que son relevantes. Para impedir el efecto de avalancha en cuanto a la percepción y a la sensación de encontrase sobrexigido por múltiples dificultades recomiendo el priorizar. Es seguro que existen problemas más urgentes que otros a los cuales debe darse prioridad en la administración de energía personal. También es seguro que existan problemas que en su resolución permiten que se abran nuevas opciones. Me parece honesto el reconocer que aparecen dificultades en las cuales las alternativas de disolución no dependen exclusivamente de lo que podamos hacer. Duro puede resultar el darse cuenta de crisis que dada nuestras condiciones actuales no se resolverán. En este caso el desafío es aprender a convivir con estas circunstancias y tratar de que esto no nos inmovilice. Un factor importante en el abordaje de una crisis es usar la creatividad al resolverla. Propongo que frente a problemas nuevos deben considerarse nuevas soluciones en cuanto a que intentar abrir una cerradura nueva con una llave antigua no siempre es efectivo. Ese mismo hecho en sí puede generar una crisis dado que dejamos de lado el observar la situación desde diferentes perspectivas. Por último, por demasiado emocionales que seamos o por lo evidentemente emotiva que sea nuestra problemática debemos agregar cognición y experiencia. En su resolución las crisis deben movilizar todo nuestro repertorio de habilidades tanto intelectuales como interpersonales y afectivas. Esencial es lo comportamental es decir el hacer algo para que el problema se resuelva. Por supuesto que aparecen crisis que se resuelven solas pero esto es confiar demasiado en el azar.

Los complementos del amor en una relación de pareja

Con la sincera intención de ampliar los horizontes respecto a cómo verificar si una relación de pareja se encuentra en buen pie, quisiera comentarles ( y sin el ánimo de parecer un antiromántico) que junto con el amor deben darse diferentes condiciones que pueden potencien el buen desarrollo de una unión. Es frecuente que las parejas que asisten a terapia no se den cuenta de esto atribuyendo la mayoría de las potenciales causas de una dificultad en común justamente a lo que creen es “un dejar de querer”. En las sesiones de terapia les explico a las parejas que son muchos otros los elementos que complementan este sentimiento y que incluso determinan la continuidad de una relación. El sólo entender esto puede ser por sí mismo bastante aliviador de la tensión con que las parejas llegan a consultar. A juicio personal, cómo lo iré analizando en esta serie de artículos que inicio, uno de los primeros elementos que se identifican como necesarios en la mantención de una relación sana es la comunicación. Puntualizo acá, sobre todo en este encuentro de dos mundos que significa el estar en una relación, que la capacidad de decir debe estar proporcionalmente complementada con la capacidad de escuchar. La expresión de ideas y emociones clarifica en el otro lo que estoy pensando y además sintiendo por lo tanto esto disminuye la incertidumbre. Si le comunico a mi pareja cuales son mis expectativas evito el que ésta entre en juego de tratar de adivinar lo que realmente me ocurre. Igualmente cuando escucho lo que la otra persona tiene que decir junto con mostrar empatía y comprensión en caso de crisis brindo contención. Realizar el ejercicio de escuchar oportuna y sinceramente da la posibilidad de adelantarse a potenciales conflictos.La comunicación entonces es un dar cuenta del mundo interno y privado de cada integrante de la pareja. El entender y aceptar lo que el otro me dice es un despertar a una realidad distinta y complementaria a la propia.